El hábito es hijo de la disciplina.

La disciplina es hacer lo que muchas veces no queremos hacer, para poder formar aquello que sí queremos alcanzar.

No siempre será agradable madrugar en invierno, bajo la lluvia o en medio del cansancio. Sin embargo, cuando hay un objetivo claro, aprendemos a establecer prioridades. En la vida no siempre hacemos lo que nos agrada; muchas veces debemos hacer lo que conviene.

A veces nos gustaría quedarnos en la cama todo el día, descansar más de lo necesario o tomar el camino más cómodo. Pero el punto es este: no todo conviene.

Los vencedores no llegaron a serlo por casualidad. Llegaron allí manteniendo una disciplina constante en el tiempo, hasta que esa disciplina se convirtió en un hábito. Lo que comenzó como esfuerzo, llegó a formar parte de su rutina diaria y, con el tiempo, de su estilo de vida.

Enseñanza

Si esto lo aplicamos a la vida espiritual, entendemos que también necesitamos disciplina para formar hábitos que edifiquen nuestra fe.

La Palabra nos enseña:

“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Todo me es lícito, pero yo no me dejaré dominar por ninguna cosa.”

No dejarme dominar significa que debo revisar mi disciplina, corregir mi dirección y permitir que Dios forme en mí nuevos hábitos.

La pregunta es:

¿Qué tan lejos estarías hoy si no estuvieras limitado por malos hábitos formados por la indisciplina?

Que podamos pedirle al Señor la fuerza para cambiar lo que debe ser cambiado, perseverar en lo que edifica y formar hábitos que honren su presencia en nuestra vida.

“Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz.”
Salmos 55:17

Lindo y bendecido día.

Devocional compartido por

Pastor Manuel González

Para edificación y crecimiento espiritual.